Ronaldo, el nueve del Madrid

Ronaldo, el nueve del Madrid

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Cuando Ronaldo marcó su segundo gol contra el Apoel, de penalti, corrió hacia la portería, cogió el balón y siguió corriendo hacia el centro del campo, como si hubiera prisa para hacer otro tanto, como si en el primer partido de la Champions, contra el rival más débil del grupo, se estuviese disputando la final. Ése es Cristiano: había marcado dos y buscaba el tercero, que lleva mucho tiempo enjaulado. Poco después, Isco prefirió el tiro a un pase y el delantero portugués se lo reprochó: estamos a lo que estamos, a marcar y a seguir marcando.

Porque no hay debate posible sobre si esta plantilla necesita otro nueve cuando tienes al mejor goleador del mundo a pleno rendimiento. Con el momento de forma del siete blanco es posible que los dos empates de Liga hubiesen sido victoria y al choque contra el Apoel, que se movía entre el aburrimiento y la noche burocrática, le dio sabor Ronaldo, porque para él no hay tardes banales, todas tienen un propósito y hay que perseguirlo con la determinación de quien ha puesto el sentido de su vida en eso.

Su regreso al equipo era la gran noticia del choque. Formó con Bale la delantera de Zidane, aunque durante el partido se vio con claridad que el portugués era el delantero mientras que el galés se movía por todas las zonas, cayendo en la primera mitad, sobre todo, por la banda izquierda. Cuando el balón le cae en ese lado en la pierna buena y no tiene que hacer extraños para centrar, como sí ocurre en la otra banda, Bale es desequilibrante. Porque las cosas le salen de manersa casi instintiva, no tiene que pensar qué hacer.

Fue por ese lado como llegó el primer tanto del Madrid, cuando los tres delanteros mostraron cada uno sus virtudes: Isco, el regate corto para dejar atrás al rival y cortar por dentro; Bale, desde la izquierda, poniendo un balón delicioso, raso, al otro lado del área; y allí apareció Ronaldo, haciendo el desmarque, llegando a la pelota con ventaja y claridad y eligiendo el sitio perfecto para ponerla: cruzándosela al portero, con más suavidad que potencia.

Tenía el goleador ganas de celebrar un tanto oficial en el Bernabéu y más ganas aún el público de verlo. Ha empezado la competición europea como la acabó la temporada pasada: llegando puntual al gol. Por eso le ha echado tanto de menos el Madrid y por eso mira a Anoeta, el próximo domingo, con alguna preocupación. Sin Ronaldo, y también sin Benzema, va a ser un test fundamental que quizá llega demasiado pronto. Quizá por eso, ayer Zidane dio los últimos minutos a Mayoral. Quién sabe si el domingo que viene va a ser crucial.

Porque el Madrid pudo pensar en el partido siguiente desde el primer tanto. Incluso antes: el Apoel apenas llegó una vez en la primera parte, con un tiro lejano del español Roberto Lago, que según llegaba a la portería se envenenó. Pero su plan era echarse atrás para entorpecer al campeón de Europa. Cerró mucho por dentro y obligó al Madrid a salir a la bandas. No estuvo acertado Carvajal por la derecha, bastante impreciso en sus centros y tampoco estuvo especialmente profundo Marcelo por el otro lado.

No tenía urgencias el Madrid y no le exigía nada el rival, por eso el choque discurrió con parsimonia, estrenando sin prisa esta edición de su torneo. Sólo rotó Zidane a Kroos, pero enseguida tuvo que utilizarlo porque Kovacic se lesionó solo cuando apoyaba el pie. A excepción de Benzema y Varane, jugaba el Madrid con el mismo equipo que goleó a la Juve, lo que demuestra el respeto que le tiene a la competición. Pero se contagió de la poca competitividad del rival y se dejó llevar por el letargo.

Podía haber ido a más si no lo despierta Ronaldo con sus dos goles. Se animó entonces el Madrid y Ramos se marcó un gol de los que añora: le gustaría ser delantero. Cortó una pelota en defensa y corrió hacia el área para rematar de chilena. Sabe muy bien el capitán cuándo tiene que marcar para salvar la vida de su equipo y cuándo marcar por recreo, como ayer.

Con tres goles, salieron Ceballos y Mayoral, mientras Ronaldo seguía y seguía: un remate le dio en el larguero y en la línea; otros se los anularon por fuera de juego. No va a parar nunca.

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